Hoy por hoy, disfrutamos de la libertad de prensa
que vino de la mano de la denominada Ley Fraga, oficialmente, Ley de
Prensa e Imprenta aprobada en 1966. Aunque ésta realmente no
sería efectiva hasta el año 1975. La ley que le precedía anulaba
cualquier derecho a los periódicos, los cuales estaban sometidos a la
censura del Gobierno y eran dirigidos bajo la ideología estatal.
El año 1976 significó el paso hacia una nueva era para el mundo del
periodismo, consigo trajo la aparición de nuevos diarios.

La normativa del 66 se basaba en el principio que
reconocía que la información no es propiedad exclusiva del Gobierno, ni
es legítimo que sea utilizada con objetivos políticos. Pero todo
lo que fue ilusión en un principio se convirtió en decepción; la
realidad continuaba siendo restrictiva y no disfrutaba de pleno
cumplimiento de lo legislado en un principio. Existían preceptos
ambiguos que perpetuaban, al fin y al cabo, una zona de sombras en la
que el poder estatal mantenía el control sobre los medios de
comunicación.
Se dieron sanciones e incluso cierres de los nuevos periódicos por
titulares considerados no “aptos”, entre otras cuestiones. A
pesar de esta situación, la Ley de Prensa fue favorable para los
ciudadanos españoles, a los que se les informaba de asuntos de
interés públicos, por lo que se generaban diferentes posturas políticas
al respecto, fruto de la crítica y posterior nacimiento de
ideologías diversas. Podríamos decir, que se estaba gestando el
despertar de la democracia.
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